Cuando empecé a acompañarme solo con mi guitarra quería que la música que tocaba fuera de la misma calidad que las canciones que había elegido para cantar. El acompañamiento rítmico, aunque muchas veces eficaz, me parecía “vacío” cada vez que se trataba de hacer una conexión entre dos coros, o cuando las canciones tenían un tempo más lento. Deseaba proponer pasajes musicales entre las coplas sin el apoyo de otros instumentos. Tenía entonces que encontrar una técnica sólida que me diera esa libertad melódica, pero que sea, al mismo tiempo, capaz de borrarse frente a la voz para dejarle el espacio necesario durante las partes cantadas. El fingerpicking me pareció cumplir con estos requísitos: es una técnica muy rica que se puede utilizar para acompañar muchos estílos diferentes. Bueno, la verdad es que poco a poco he dejado el canto por el toque solo, sobre todo cuando he descubierto la música de Marcel Dadi. Tocar con él en su guitarrería en la calle Douai de París fue una experiencia inolvidable: era un un guitarrista increíble y un profesor muy dedicado. Me ha influenzado mucho su manera de transmitir su estílo. Lo que me parece fundamental para que una enseñanza funcione es la adaptación del curso a su público. La primera cualidad de un profesor debe ser escuchar para entender exactamente lo que quiere su estudiante, qué le gusta, para poder encontrar los caminos más directos hacia el objetivo de la lección. Cuando se trata de música, el profesor tiene que saber cómo mantener viva la motivación del alumno a través del placer de tocar. El placer, es la llave y nunca se debe olvidar. El enemigo n°1 es el aburrimiento.