El acto de enseñar la música flamenca no coincide exactamente con la idea que tenemos de lo que es enseñar la música. Aquí la música sólo es un aspecto de un lenguaje más complejo que no se deja siempre enjaular en un sistema cerrado. Es muy difícil, por ejemplo, apuntar exactamente lo que hace la guitarra cuando acompaña el baile o el cante. Además el flamenco tiene algunos motivos rítmicos complejos que no es fácil transcribir en una partitura. Por eso cuando se trata de enseñar el flamenco hay que buscar otros caminos que los que ofrece la formación musical clásica.

Los inicios Comencé a tocar la guitarra cuando mi padre me ofreció la suya. Tenía entonces doce años y empezé a tocar todo lo que oía y que me gustaba. Hasta un día cuando me regalaron una cinta. Era un viejo registro de Sabicas. Me impresionó tanto su técnica y su música que no pude tocar durante meses. Era una revolución, y aunque presentía que tendría que aprender de nuevo muchas cosas (la técnica de la mano derecha) estaba seguro que había por fin encontrado la música que iba a acompañarme durante toda mi vida. Los años han pasado y mi pasión por ese arte siempre ha crecido. Hoy es mi actividad principal.
Una inclinación hacia la pedagogía He enseñado el francés como lengua extranjera durante mucho tiempo y he desarrollado una habilidad y una pasión por la enseñanza. Pienso que un buen profesor es alguien que te ayuda a encontrar la mejor manera de entender algo: por eso su calidad más importante debe ser la capacidad de escuchar. El flamenco siempre me ha acompañado en todas las partes del mundo donde he trabajado incluso, claro, en España. El hecho de vivir en Granada donde se respira el flamenco en cada callejón de la cuidad me hizo darme cuenta de que lo que más quería profesionalmente era compartir mi amor por esa música. Hoy, aprovechando de mi experiencia como profesor de idiomas puedo vivir de mi pasión.

Audio: María del Mar Moreno y Rocío Ruiz, Solo compás Bulerías, Vol.II.